31 mar. 2011

La importancia de la mirada

En casa cada mañana cuando me levanto y miro por la ventana, lo primero que veo es el campo, el bosque de pinos y robles que me rodea, la sierra de Guara al sur. Una naturaleza cambiante a lo largo del año, el blanco del invierno, la explosión de verde y de colores en primavera, el amarillo caluroso del verano... Cuando me reúno con gente, la mayor parte de las veces veo personas voluntariosas, con ganas de dar lo mejor de sí mismas, personas amorosas y compasivas, en general abiertas a la diversidad de seres y culturas que pueblan la Tierra. También de naturaleza cambiante, con días grises en los que la frustración, la rabia o la tristeza parecen dominar sus actos, y con días soleados en los que el cuerpo es puro movimiento y la expresión una sonrisa... Cada día la Tierra y sus gentes, con su bondad y su humor variable, están ahí al alcance de mi mirada. He tenido que aprender a verlos, cambiar mi posición, conformar una mirada que se entrega en su mirar, una mirada de acogida, de respeto y, claro, una mirada estricta y severa a veces, plácida, sonriente, pícara, otras. No me ha sido fácil desplegar esa mirada, de hecho todavía no es permanente, es frágil e inestable, aunque decidida y valiente. Es una mirada que atiende a ese lugar íntimo y profundo desde donde surgen las cosas, antes de convertirse en la diversidad de gestos y acciones que nos envuelven. Por último, es una mirada que invita a mirar abiertamente, a superar el miedo que nos atenaza y dejarnos ver y que otros nos miren. ¿Te interesa? Abre entonces los ojos, apaga la televisión, explora tu ser interior y enrédate con la tierra y la gente. El mundo no es como nos lo pintan. Lo que encuentres al mirar de nuevo tampoco será fácil, pero al menos lo descubrirás por ti mism@ y sabrás que para cada dificultad, la solución estará en tus manos.