28 may 2011

En las plazas

Todo parece indicar que una época termina, la del individuo orgulloso de sí mismo, celoso de su libertad, soberbio en su autonomía, en su pretendida capacidad para resolver por él mismo todos los problemas. Para su desdicha, la vida se complica —o tal vez habría que decir se complejifica, se hace más compleja, más rica y variada en cuanto a las interacciones que conforman el tejido de la vida—, y ese individuo de otro tiempo de pronto se da cuenta que su inteligencia no es tan grande como pensaba, y que de hecho no alcanza para resolver los retos que plantea ahora la vida. Se da cuenta que necesita abandonar su pedestal, incorporar otras voces; algunas cercanas, otras profundas y misteriosas.
Y otra época comienza, la del individuo participante. Sin duda un individuo, pero capaz de crear y sostener espacios de participación abiertos a todas las voces, espacios de seguridad y confianza donde poder expresarse sin temor, desde lo que cada uno es, creativamente. Un individuo consciente de sus limites, pero que ha encontrado en el otro una elegante manera de superarlos. Lo que desde el miedo produce separación, desde la confianza y el amor produce conexión. Esto es la red, una estructura por la que circula información, recursos, afectos... El individuo participante es un ser enREDado. Un ser que  entiende y aprecia la compleja trama de la vida y se siente parte de ella. Un ser que sabe que la vida es relación, red, comunidad.
Está ahí, en las plazas.

PD: Para saber más sobre las características del Individuo Participante, ver:  http://www.selba.org/UlisesEscritos/IndividuoParticipante.pdf

1 comentario:

  1. ¡Gloriosa apreciación!, amigo, creo que das en el blanco. Lo que dices me lleva a unas reflexiones que si me dejas voy a compartir contigo:
    ¿Qué caracteriza la evolución de la vida, e incluso de la realidad? el aumento del nivel de complejidad: Dejando atrás el mundo molecular con su inaccesible maraña casi vacía hacia lo infinitamente pequeño, partamos de la vida: las células procariotas se unen para formar eucariotas, éstas para formar seres pluricelulares, que enseguida tienden a formar sociedades. Ahí estamos nosotros: animalicos formando familias, pueblos, naciones, sociedades gastronómicas y ONG, unidos por los sentimientos más o menos elevados, porque en nosotros hay una semilla de algo nuevo que nos hace crecer, y crecer en grupo. El cambio necesario ahora es la unión de todos los pueblos, de forma que todo el género humano pase a ser un único ser espiritual de consciencia, y por tanto, se trata de adquirir consciencia de ello para que se haga realidad. Cuando seamos ese cuerpo único, espiritual, entrabado por el amor de verdad, entonces la coordinación y organización mundial será fácil. Igual que una bailarina es la suma de millones de complejidades superpuestas, para conformar una belleza única, sencilla, limpia, el Ser Humano Global Espiritual será una entidad bella, única y sencilla. Tal vez desde el punto en que se generó la vida orgánica, éste sea el otro hito verdaderamente importante, el nacimiento de ese gran ser espiritual, dispuesto a futuras uniones para formar otras entidades superiores hasta el infinito. No estamos descubriendo nada tampoco, el proceso lleva milenios de desarrollo, y egipcios, hindus, judíos y cristianos hablan de él, si bien creo que son estos tiempos los que traerán la culminación del proceso. O por lo menos eso nos gustaría.
    Un abrazo.Maria

    ResponderEliminar