1 oct. 2011

Un ser que puede

Cuando me dejo llevar, cuando me siento lleno, con la energía de un pájaro capaz de volar alto, lejos y alto, conecto con un ser que no conoce límites, un ser que habita en mi y que, más allá de cualquier atributo, simplemente puede. Puede ser serio cuando la ocasión lo requiere, asumir la gravedad de ciertos asuntos humanos. Y puede ser un payaso, un ser divertido, dicharachero y jovial, cuando se trata de alegrar el aire con sonrisas, o sostener un vacío con encanto. En ocasiones puede aparecer ignorante, cuando las palabras llenan un espacio, tan densas y pesadas que mejor quedar callado y dejar que te tomen por bobo. Y puede parecer sabio, cuando su palabra es justa, o la que el momento necesita, una palabra atrapada al vuelo desde ese pozo de sabiduría que a todos nos conecta. Puede estar tiempo solo, embobado observando un saltamontes beber agua de una hoja de hierba, ensimismado en mundos internos, plagados de recuerdos, imágenes y cantos; atónito ante el grandioso espectáculo del atardecer o de un cielo estrellado. O puede buscar a la gente, querer su compañía, para pasar el rato, charlar y bailar, o para emprender proyectos de cambio. Como decía, ese ser que me habita, que no soy yo, pero tampoco es otro, no conoce límites. No se desespera, tampoco se queja, a veces solo, pero casi siempre en compañía, él hace su camino.