28 feb. 2013

Carrera 13, #94A, 26, Bogotá

Siempre he sentido fascinación por las grandes ciudades, por la diversidad de personas que recorren sus calles, por la variedad de colores y aromas que permean cada uno de sus barrios. Me siento en una terraza, a veces una terraza cualquiera de un barrio cualquiera, y veo pasar a la gente mientras saboreo una caña o un juguito, y dejo que mis pensamientos fluyan sin orden. Cada persona que pasa es una invitación a soñar, cada percepción, la apertura a un mundo desconocido. Lo importante es no dejarse atrapar por nada concreto, sólo estar, y disfrutar.
Como ahora, disfrutando de un juguito de remolacha y zanahoria en el Juice Bar de Tatis, en el Uva, en Bogotá, en la carrera 13 con la 94A. Enfrente, un restaurante francés, Donde Gilles, me lleva a recordar mis días en París. Y por un instante, mi imaginación me transporta a alguno de esos lugares encantadores que me gustaba visitar: El Sol, en el boulevard Ménilmontant, el Piston Pelican, en la rue de Bagnolet, Les Couleurs en la rue de Saint-Maur…
Me dejo vagar sólo un instante antes de volver a donde estoy ahora, para fijarme de nuevo en la gente que pasa, la mayoría caminando con decisión, ocupados en llegar a tiempo a algún lugar donde importa su presencia. Un pensamiento penetra entonces en mi mente, envolviendo una rica sensación con sabor a remolacha. Me veo sentado aquí, en el restaurante de Tatis, disfrutando del momento, del ligero chispeo de un cielo que no termina de clarear ni de cubrirse, viendo la gente pasar decidida, mientras me dejo imbuir por la idea de que todas esas personas tan ocupadas que caminan de un lado para otro con tanta determinación están en realidad trabajando para mi, para que yo pueda estar aquí, sentado, relajado, disfrutando de la vida, por un instante hecha delicioso jugo de remolacha y zanahoria. Y me siento agradecido por toda su laboriosidad, por su esfuerzo en asegurar que todo está perfecto, que en este momento, en este lugar, yo pueda estar aquí sentado, en Bogotá, en una terraza de la carrera 13, con la calle 94A, tomando un rico jugo preparado por amorosas manos, mientras el tiempo se detiene y el futuro no importa, sólo un ahora cargado de ricos matices y texturas. Y pienso entonces que ellas, todas esas personas que están en esos momentos trabajando para que yo pueda estar ahí, también se merecen un momento así, un instante de pura eternidad, y pienso entonces que yo les debo algo, que debo ocuparme de ellas, poner mi granito de arena para que cada una de ellas encuentre su tiempo y su espacio, que quiero sostener su bienestar, con mi trabajo, con mi saber hacer. Aunque, claro, eso tendrá que esperar para otro momento, porque ahora sólo me es posible estar aquí, en el presente, vivenciando intensamente el instante, gozando, sí, aquí, en el Uva, el juice bar de Tatis, en la carrera 13 #94A, 26, Bogotá.