1 jun. 2013

¿Quieres ser un/a élder?

¿Quieres convertirte en un/a élder? Haz el siguiente experimento. Elige una persona con la que no te lleves bien, o con la que tengas una relación difícil y conflictiva, y sitúala delante de ti, en tu mente. Quédate un rato mirándola en tu imaginación, fijándote en los rasgos de su cara, en como el tiempo va dejando huella en esa persona. Trata de verla desde la distancia, casi como si no la conocieras de nada. Intenta imaginar su vida, sus dificultades para llegar hasta aquí, sus conflictos internos, sus dudas y su propia inquietud ante un futuro incierto. Descubre la fragilidad que se esconde tras su fuerte apariencia, sus desesperados intentos para hacerse querer. Observa la punta de perplejidad que se esconde tras su cara de ira, de frustración, o de odio. Observa el esfuerzo tan increíble que esta haciendo para mantener esa máscara, para aparentar fortaleza. Ella no lo sabe, claro, y tú tal vez pienses que no le cuesta nada ser así, comportarse así, tal vez pienses que lo suyo es joder, hacer daño a los demás, hacerte daño. Observa con detenimiento y descubrirás la máscara y sus grietas, casi podrás ver cómo se resquebraja ante ti. Pero sostenla todavía un instante y colócala a un lado.
Piensa ahora en ti misma, en tu propia fragilidad, en tus dificultades para transmitir al mundo tu mensaje, lo que quieres ser o llegar a ser. Observa cómo el miedo, la frustración o la rabia van dejando huella en tu rostro, cómo la impotencia te detiene y te impide ser el hombre o la mujer infinitamente amorosa que llevas dentro. Observa tu propia máscara, todo lo que callas, lo que no te permites expresar. Mírate desde lejos, sin dar espacio a esos pensamientos que tan pronto te halagan como te critican sin piedad. Cuando estés lista, en la conciencia de una pura observadora del presente, coloca tu imagen al lado de la imagen de la otra persona, justo delante de ti, y quédate así un rato mirando. Como élder verás dos personas en un esfuerzo ingente por sobrevivir, por ser felices, por recibir atención y amor, intentándolo con todas sus fuerzas, a veces con torpeza, a veces recurriendo a estrategias que hieren a otras personas, a veces abusando de su poder. Dos personas que no saben hacerlo mejor, atrapadas en viejos patrones de agresión o venganza de los que ni siquiera son conscientes, prisioneras de un yo culturalmente hecho para competir y luchar por lo que considera su verdad. Pero sobre todo, verás dos personas que son hijas del amor, hijas de la vida, dos personas que están aquí casi de milagro, fruto de complejas circunstancias en una larga historia que comenzó hace millones de años. Míralas bien, son un milagro, son vida.