29 feb. 2016

Rayos de luz entre oscuras nubes

Me gustaría escribir sobre la vida y la muerte con las sabias palabras de los ancianos, capaces de trascender en unas pocas frases la frágil línea que separa ambos mundos. Trato de imaginar en qué puede consistir la leve carcasa de mi ser, una vez desprendida del cúmulo de vivencias de un yo que, por imaginario o construido pero en todo caso pesado, tiene vedado el acceso a un más allá reservado solo para lo más ligero y sutil. Y no lo consigo. Solo me llegan palabras, las venerables palabras de los ancianos, repetidas una y otra vez como un mantra que para muchos abre puertas, mientras que para otros las cierra. Tal vez las palabras fueran claras en su tiempo, ahora urge reinventarlas para encajar en ellas sensaciones apenas perceptibles. Es fácil decir que todos somos uno, que todo es energía o que estamos interconectados, es fácil entenderlo y sentirlo en las historias que construimos cada día, puedo incluso imaginarme haciendo de esta idea algo tan poderoso que toda mi vida se ajuste a ella, sin un asomo de duda o temor. Puedo imaginarme siendo un auténtico creyente. Casi diría que no hay nada que añore más, pero de qué serviría sucumbir a una creencia si lo único que demuestra es el poder de una idea, poco o nada de la realidad de las cosas. Me siento atrapado en una mente que busca pruebas, qué duda de las historias de otros simplemente porque no son su historia, o porque piensa que sólo son palabras, meras palabras. Y por otra parte, ¿qué otra cosa puede hacer este pequeño yo que dudar?, ¿qué otra cosa puede hacer para no convertirse en el adalid de una verdad que otros vivirán como impuesta?, ¿qué sabe él de la vida y la muerte, atrapado como está en el miedo a morir? Ese soy yo, de lo que pueda ser más allá de eso no sabría qué decir, apenas son sensaciones deslavazadas y fugaces, momentos imperceptibles de luz entre oscuras nubes.